Ante esta pregunta, no es fácil dar una respuesta contundente. Lo cierto es que los españoles no es que invirtamos necesariamente mal en comparación con otros países, sino más bien que lo hacemos de forma diferente. Si comparamos estadísticas internacionales como las de EFAMA podemos constatar una realidad: en España invertimos de forma más conservadora que la media de los países de la Unión Europea. Con los datos publicados a cierre de 2024, los fondos de inversión representan en torno a un 16% del ahorro financiero de los hogares españoles (Inverco) y, dentro de estos, aproximadamente un 26% se destina a renta variable, frente a cerca del 44% de media en la Unión Europea. Además, si tenemos en cuenta otras inversiones, como los mercados privados, en España apenas se destina en torno a un 1% a este tipo de activos, frente a aproximadamente el 22% que invierten de media el resto de los países europeos.
Como inversor a largo plazo, estas diferencias nos deben preocupar. Tener un 20% más de renta variable en nuestra cartera en el largo plazo puede suponer una diferencia relevante. Por ejemplo, según los datos a cierre de año de Inverco, el inversor que haya invertido en un fondo de renta fija mixta euro (hasta un 30% en renta variable) contará con una rentabilidad acumulada en los últimos diez años del 9,7%, y en cambio un inversor que haya invertido en renta variable mixta euro (entre un 30% y 70% en renta variable) habrá obtenido como resultado un 41,5%. Nos encontramos con una diferencia de más del 30% de rentabilidad obtenida. Es cierto que para ello se ha tenido que asumir un mayor riesgo, pero es necesario resaltar que una inversión con un horizonte de diez años permite sortear los posibles riesgos y eventos de mercado que podamos sufrir.
Por lo tanto, la pregunta más correcta no es si los españoles invertimos mal, sino por qué en España invertimos con un perfil de riesgo más conservador o prudente que el del resto de países de nuestro entorno. Para dar una respuesta clara, podemos identificar diferentes factores que ayudan a explicarlo. Muchas veces se escuda en que contamos con menos recursos y por tanto no queremos “arriesgarnos” a perderlos, que las familias españolas invierten más en inversión inmobiliaria o que las encuestas de educación financiera muestran que contamos un nivel de conocimientos financieros inferior a la media.
Pero otra razón relevante que tenemos que valorar es que sea una cuestión cultural. En España, una expresión muy habitual es decir “vivir de las rentas”. ¿Sabéis cómo se dice en inglés? Pues no existe una traducción literal, la forma en que se dice habitualmente en inglés es “live off one’s investments” o “live off investment income”. La ausencia de un equivalente directo puede que no sea una curiosidad lingüística, sino un síntoma cultural. Hablar de “rentas” o de “inversiones” puede parecer un matiz, pero denota con claridad cómo concebimos el ahorro. El término renta evoca una cantidad periódica que se percibe sin tener que preocuparse. El de inversión en cambio, implica un comportamiento activo y una disposición a asumir riesgo. Esa diferencia de mentalidad puede estar en la raíz de todo lo anterior.
Quizás el primer paso para cambiar esta visión conservadora pueda ser tan sencillo como reformular el objetivo. No aspirar a “vivir de las rentas”, sino a vivir de nuestras inversiones.

Juan Manuel Mier, experto del Observatorio Inverco


