Hace apenas una década, un ahorrador español que quisiera entender en qué estaba invirtiendo tenía pocas alternativas: acudir a su banco, consultar a un asesor o recurrir a la información financiera publicada en los medios. Hoy le basta con abrir TikTok, Instagram o YouTube. En cuestión de segundos encontrará a alguien explicándole cómo invertir en dividendos, qué ventajas tienen las criptomonedas o por qué determinado activo puede ser una oportunidad.

El fenómeno de los finfluencers ha democratizado el acceso a la información financiera de una forma que hace años habría parecido impensable. De partida, que más personas se interesen por la gestión de su ahorro es, sin duda, una buena noticia. Al fin y al cabo, España sigue siendo uno de los países de la Unión Europea con menores niveles de educación financiera y cualquier iniciativa que acerque a los ciudadanos a estos conceptos merece una valoración positiva.

Ahora bien, ese interés creciente plantea una pregunta que conviene responder con claridad: ¿todas las fuentes de información financiera son igualmente fiables? La respuesta es un rotundo no. Y entender el por qué importa más de lo que parece.
El inversor particular que hoy busca orientación en internet no suele hacerse una sola pregunta: se hace dos, aunque no siempre sea consciente de ello. La primera es qué está pasando en los mercados. La segunda, mucho más relevante, es qué debo hacer yo con mi dinero. La primera puede responderse razonablemente con información de libre circulación. La segunda exige conocer el horizonte temporal, la situación patrimonial, la tolerancia al riesgo y los objetivos de cada ahorrador. Son preguntas distintas que requieren respuestas de naturaleza diferente.

A un asesor financiero o a un gestor de inversiones no le basta con tener audiencia. Debe desarrollar su actividad dentro de una entidad autorizada, acreditar una formación específica mediante certificaciones profesionales reconocidas por el supervisor y cumplir un marco normativo exigente. No se trata de un mero requisito formal. Es el mecanismo que garantiza que quien asesora conoce el perfil, las necesidades y los objetivos del cliente antes de formular una recomendación.
Esa estructura de formación acreditada, supervisión, registro y responsabilidad no existe en el ámbito de la divulgación financiera en redes sociales. Esto no convierte automáticamente a cualquier finfluencer en una mala fuente de información, pero sí marca una diferencia fundamental que cualquier inversor debería tener presente.

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Un reciente estudio del CFA Institute, analizó publicaciones de finfluencers en TikTok, YouTube e Instagram en distintos países para evaluar tanto los contenidos como su influencia en las decisiones de inversión de las generaciones más jóvenes. y concluyó que el 32% incluía recomendaciones directas de inversión, mientras que solo el 20% incorporaba algún tipo de advertencia sobre los riesgos asociados. Adicionalmente, más de la mitad incluía contenidos promocionales, y el 27% de las publicaciones contenía enlaces de afiliado, es decir, mecanismos de retribución económica vinculados a que el seguidor adoptara una determinada decisión financiera. En la gestión profesional regulada, esos potenciales conflictos de interés están sujetos a estrictas obligaciones de transparencia y comunicación.

Un reciente estudio del CFA Institute, analizó publicaciones de finfluencers en redes sociales de distintos países confirmando que el 32% incluía recomendaciones directas de inversión, mientras que solo el 20% incorporaba algún tipo de advertencia sobre los riesgos asociados.

La propia CNMV ha abordado esta cuestión recientemente con la publicación de la guía `Finfluencers: cómo actuar con responsabilidad´ y del documento dirigido a inversores `Del like a la inversión: qué debes saber de los finfluencers´. En ambos recuerda que el número de seguidores, visualizaciones o “me gusta” no constituye una garantía de fiabilidad y advierte de que prestar asesoramiento personalizado sin autorización puede constituir una infracción grave.

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Todo ello adquiere una relevancia creciente en un momento en el que el ahorro financiero de las familias españolas alcanzó un máximo histórico de 3,44 billones de euros al cierre de 2025 y que los Fondos de Inversión representan ya el 17% de ese patrimonio, también un récord histórico, y se han consolidado por tercer año consecutivo como el activo con mayores adquisiciones netas, por delante de los depósitos y el efectivo. Son unas cifras que reflejan un proceso de maduración financiera que, aunque gradual, resulta cada vez más evidente. Los hogares españoles están incorporando progresivamente la inversión a sus decisiones de ahorro y ese avance merece ser acompañado con herramientas adecuadas para tomar decisiones informadas.

Los hogares españoles están incorporando progresivamente la inversión a sus decisiones de ahorro. No se trata, por tanto, de enfrentar dos mundos irreconciliables. La divulgación financiera de calidad en redes sociales puede desempeñar un papel muy valioso para despertar el interés de los ahorradores y acercar conceptos que durante años parecieron reservados a especialistas. Pero ese interés, para traducirse en decisiones de inversión sólidas, necesita tarde o temprano el respaldo de un profesional que conozca al cliente, entienda sus circunstancias y asuma la responsabilidad de sus recomendaciones.

La educación financiera no consiste únicamente en comprender conceptos como rentabilidad, riesgo o diversificación. También implica saber quién puede informar, quién puede asesorar y quién responde por una recomendación. En la era de los finfluencers, esa diferencia es más importante que nunca.

José Luis Manrique, director de estudios del Observatorio Inverco