La longevidad es una transformación silenciosa. Avanza poco a poco y, precisamente por eso, muchas veces no somos conscientes de su verdadero alcance. Sin embargo, vivir más años también exige prepararnos de otra manera: cuidar nuestra salud para llegar en las mejores condiciones físicas, planificar nuestras finanzas para disponer de recursos suficientes y prepararnos mentalmente para una etapa completamente distinta de la vida. La longevidad no es solo vivir más años, sino cómo vivimos esos años. Pero, ante esta extraordinaria noticia, conviene hacerse una pregunta: ¿estamos preparados para vivir casi un tercio de nuestra vida jubilados? ¿Tendremos suficientes recursos para disfrutar de esa nueva etapa?

Probablemente no somos conscientes de la magnitud de esta transformación. Hace apenas un siglo, la esperanza de vida al nacer apenas superaba los 30 años. En la actualidad, por ejemplo, en España, nos acercamos a los 85 años y todo apunta a que en el futuro parte de la población podrá superar los 100 años. Estamos asistiendo a uno de los mayores logros de la humanidad: vivimos más y, además, vivimos mejor durante más tiempo.

Pero también es cierto que en ocasiones tendemos a imaginar solo la parte más amable de esa etapa. Vemos a jubilados que viajan, hacen deporte, disfrutan de sus nietos, acuden al teatro o participan en actividades culturales. Es la imagen de una jubilación activa, llena de oportunidades y tiempo para recuperar proyectos aplazados durante décadas. Pero existe una segunda fase de la que hablamos mucho menos. La longevidad también aumenta la probabilidad de que aparezca la dependencia y la necesidad de recibir cuidados. Es una realidad menos visible, quizá menos cómoda, pero que forma parte de la ecuación. Y ambas etapas requieren recursos. La primera exige ingresos suficientes para mantener el nivel de vida y aprovechar el tiempo ganado. La segunda puede implicar, además, gastos crecientes en atención, cuidados o adaptación de la vivienda.

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Cuando llega la jubilación, la pregunta no es únicamente cuánto cobraremos de pensión. La verdadera pregunta es si hemos planificado financieramente una vida de treinta años tras la jubilación. ¿Hemos acumulado suficientes ahorros para disfrutar plenamente de esta etapa? Para muchas personas, ese ahorro puede construirse de forma gradual a través de distintas herramientas de inversión a largo plazo, como los Fondos de Inversión o los Planes de Pensiones, adaptando la estrategia a sus necesidades y horizonte temporal. La respuesta dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy. Un pequeño esfuerzo de ahorro ahora puede marcar la diferencia entre vivir la jubilación con tranquilidad o hacerlo con limitaciones.

Ahora el reto consiste en conseguir que esos años adicionales no sean únicamente años de vida, sino años vividos con autonomía, tranquilidad y calidad de vida. Porque la mejor forma de disfrutar del futuro es empezar a prepararlo desde hoy.


Juan Manuel Mier, miembro del Observatorio Inverco.