Cómo fomentar la educación financiera desde una perspectiva gastronómica: una conversación con Juan Ramón Caridad

La Fundación María Jesús Soto, el Instituto BME y Pictet AM han unido sus fuerzas para la publicación de «Mi primer fondo de inversión: Rentabilidad y Sostenibilidad», un libro que trata de fomentar la educación financiera, realizando analogías claras entre el mundo de la cocina y la inversión, con el objetivo de acercar a aquellos inversores noveles la comprensión de este universo de forma clara y accesible.

Su autor, Juan Ramón Caridad, MFIA y CAIA, director de clientes estratégicos en Pictet AM, analiza como surgió la idea de realizar este libro, cuáles son los paralelismos entre el mundo culinario y las finanzas y cómo puede la industria acercar los Fondos de Inversión a los más jóvenes

¿Cómo surgió la colaboración entre la Fundación María Jesús Soto, el Instituto BME y Pictet AM para este proyecto editorial?

A partir de un reto: transformar realidades financieras complejas en materiales educativos sencillos para todo tipo de públicos. Es la piedra angular de la colaboración entre la Fundación María Jesús Soto, el Instituto BME y Pictet AM. Su director general en Iberia y LATAM, Gonzalo Rengifo, lleva tiempo señalando que hay que situar la educación financiera en las enseñanzas básicas.

En el caso de la Fundación María Jesús Soto, lleva más de una década comprometida con la educación financiera básica. Empezó con un libro sobre economía, ahorro e inversiones para menores, con los niños Carol y Nico, quienes van descubriendo los fundamentos y claves del mundo financiero de manera responsable. Aprenden que la hucha no es suficiente y que existen herramientas para lograr los objetivos que se proponen y protegerse de amenazas que dañan el poder adquisitivo, como la inflación.

En este nuevo libro “Mi Primer Fondo de Inversión: Rentabilidad y Sostenibilidad”, Carol se hace mayor de edad y es responsable de la cartera de fondos que le abrieron sus padres cuando era niña. mucho interés en conocer cómo se “cocinan” los productos financieros y descubre con ilusión que existe un paralelismo enrome entre el mundo gastronómico y la inversión.

Una de las protagonistas del libro, Carol, es una joven de 18 años que comienza a tratar el mundo financiero más de cerca, ¿qué explicación encuentra a la tendencia de la juventud de ahora a saltar directamente al postre invirtiendo en activos digitales como las criptomonedas? Dicho de otro modo, ¿cómo puede aprovechar la industria ese nuevo interés de los jóvenes para que conozcan bien cómo funcionan todos los productos financieros?

Un problema de las “criptos” es que no son fácilmente custodiales. No se pueden guardar en la “nevera” fácilmente. Si no está escrupulosamente regulada, no debe figurar alegremente en el restaurante. Antes de servirlo en la mesa como si fuera el plato estrella conviene que el comensal lo tenga claro, pues puede producir indigestiones. La plataforma sobre la que operan muchos activos digitales debe cumplir los mismos criterios regulatorios que una agencia de valores o sociedad gestora, el máximo rigor al identificar a los inversores y luchar contra todo tipo de práctica ilícita. Se les debe exigir los mismos controles de blanqueo y conocimiento previo del cliente. Además, su valor depende de la oferta y demanda, así como del colateral. Nadie critica al activo digital, al contrario. La innovación y la digitación son siempre muy bienvenidas, pero no es lo mismo que el colateral de un activo sea euros del banco central que un algoritmo de tokens sintéticos.

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Ahora bien, la tecnología blockchain detrás de los criptos facilita la trazabilidad y autenticidad de los ingredientes, lo que permite certificar que un activo es auténtico o real. Ello permite nuevos sabores y extremar la calidad de lo que se sirve y la rapidez para cambiar de un plato a otro.

¿Y la idea de adaptar conceptos del mundo gastronómico al de las inversiones? ¿Realmente se parecen tanto ambos mundos?

La industria financiera debe ser capaz de explicar cosas sencillas en un idioma intergeneracional en cualquier país. La cocina es perfecta para ello. Si explicamos que la gestión pasiva se parece mucho a la comida rápida y la gestión activa a un plato de cuchara, entendemos que cada una tienen su momento. No tiene mucho sentido abrirse un bote de fabada en el descanso de un partido de fútbol, como tampoco es lo más recomendable servir perritos calientes en la cena de Navidad.

La renta fija se asemeja a primeros platos, algunos con más carga de especias, exóticos o picantes, pero en general menor sabor -rentabilidad- y por ello menos riesgo. El segundo plato, principal, son las acciones, con más sabor -rentabilidad- pero más calorías -riesgo-. El retorno absoluto son los postres, por la precisión que implica su producción y el vino o picante perfectos para explicar el apalancamiento -que con moderación aporta-.

La cocina española tiene un reconocimiento a gran nivel internacional, sin embargo, nuestro país no tiene unos elevados estándares en formación financiera. ¿Qué papel puede y debe jugar la industria (y los propios profesionales) para fomentarla?  

En los últimos 20 años, en España la industria financiera ha hecho un esfuerzo muy importante en el desarrollo de servicios y soluciones de inversión, además de formación de profesionales en toda la cadena de distribución. He tenido la suerte de trabajar en EE.UU. Europa y toda Iberoamérica. Nuestros gestores en España tienen el mismo nivel top que los que uno puede encontrar en la City o Nueva York, bien es cierto que con más dosis de humildad. Tenemos el talento, tenemos redes que cada vez saben más y asociaciones y reguladores completamente comprometidos con la educación financiera. Así que estamos listos para ser capaces de explicar que más tipos de riesgos distintos en cartera es menos riesgo en el conjunto. Es uno de los grandes objetivos.

Desde el punto de vista educativo, ¿qué papel debería jugar la formación en finanzas dentro del sistema educativo en España? 

En España no hay cultura financiera porque no forma parte de la educación básica. En otros países, la cultura del ahorro e inversión se trabaja desde la infancia y en el colegio. En España se posterga incluso hasta la edad adulta y en demasiadas ocasiones como consecuencia del pago de impuestos o la distribución de productos financieros, no como causa con motivación intrínseca. Ahorrar, pagar impuestos y conseguir objetivos son asignaturas de las que examina la vida y ayuda muchísimo estudiar los fundamentos de los mercados financieros. Sé que no es fácil, pero en un mundo tan endeudado, falta fomentar la cultura del ahorro, la planificación financiera y descubrir las bondades del tipo de interés compuesto, a más tardar con la mayoría de edad.

Nuestros gestores en España tienen el mismo nivel top que los que uno puede encontrar en la City o Nueva York

¿Cómo se le puede explicar a un inversor novato por qué los Fondos de Inversión son la forma más segura de invertir?

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El mercado español se ha caracterizado por la cultura del depósito, renta fija en inversiones locales y ladrillo. Sigue habiendo un billón en depósitos bancarios, 70 a 80% del PIB, porcentaje en que permanece desde 2010. Pero el inversor conservador empieza a darse cuenta de que con tipos de interés bajos no es capaz de preservar poder adquisitivo y que la liquidez permite una flexibilidad para adaptarse a entornos impositivos altos que no ofrece el ladrillo. También que, cuando ya tiene mucho riesgo concentrado en la hipoteca de su casa, diversificar en otro tipo de activos aporta.  

En este sentido, los fondos regulados son el mejor vehículo de gestión para el ahorro a medio y largo plazo, por transparencia, liquidez y supervisión. Son de los pocos productos que dan la máxima protección si alguna entidad entra en problemas y permite acceso a una gestión profesionalizada. No podemos olvidar sus ventajas fiscales o que permite invertir desde muy pequeñas cantidades, tratadas con el mismo cariño que el dinero de los grandes inversores institucionales.

¿Qué papel deben jugar los “fast food” de la industria como los ETFs en el ámbito de la inversión?

El debate entre gestión activa y pasiva siempre debe de ir acompañado de varios apellidos. Depende del activo (renta fija o renta variable), la geografía (no es lo mismo EE. UU. que Asia), los niveles de dispersión (cuando hay mucha la gestión activa aporta), de los niveles de liquidez y horizonte de inversión (en semanas o un par de meses no hay fundamento). Por eso, toda dieta financieramente equilibrada debe tener de las dos. A veces, no hay tiempo y en ocasiones apetece algo sencillo, como una hamburguesa, rica, fácil, rápida y económica -gestión pasiva-. Pero comer hamburguesa todos los días puede suponer exceso de carbohidratos. En otros momentos, la situación invita a sentarnos en una mesa a degustar con tiempo un plato de cuchara cocinado a fuego lento en un plato elaborado -gestión activa tradicional-. En este sentido, los fondos y las carteras gestionadas permiten los “menús de degustación” donde combinar ambos. Lo importante es que todo termine en buen provecho.