El ahorro ocupa un papel clave en la gestión de las finanzas personales. Cada vez surgen más retos, trucos y propuestas para adquirir y dinamizar este hábito y, con ello, llegar a ser un verdadero enjoylder y disfrutar de una correcta salud financiera, tanto en la etapa laboral como durante la jubilación. La mejor forma de empezar a ahorrar es buscar un método que permita sacar el máximo partido a las circunstancias financieras de cada individuo, pero ¿cómo se puede empezar a gestionar este proceso y qué pasos hay que tener en cuenta?

  1. Determinar los ingresos y gastos

Comenzar a ahorrar requiere un compromiso y, por ello, el punto de partida es analizar la situación financiera en la que nos encontramos, es decir, conocer nuestras finanzas personales. Ser conscientes de los ingresos recurrentes que percibimos y también de los gastos fijos y variables que tenemos que afrontar en un periodo de tiempo concreto.

  1. Establecer un perfil del ahorrador

Una vez analizado el funcionamiento de nuestras finanzas personales se puede proceder a identificar qué forma de ahorro se ajusta mejor a nuestra situación y a nuestros objetivos financieros. Así, el perfil del ahorrador responde a las preferencias que tiene una persona a la hora de ahorrar, teniendo en cuenta su aversión al riesgo, sus necesidades específicas, su edad y las metas y objetivos vitales que persigue. El perfil del ahorrador es, en esta línea, un primer paso hacia la planificación financiera, pues supone un acercamiento hacia el conocimiento de los objetivos financieros y las líneas predilectas en la gestión de las finanzas.

  1. Marcar una planificación financiera
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A la vista de ese balance financiero de ingresos y gastos, y de las líneas generales del perfil del ahorrador, se puede proceder a elaborar una planificación financiera. Este proceso implica establecer objetivos de ahorro concretos y ver cómo se van a alcanzar, por lo que es necesario dar respuesta a tres preguntas clave:

  • ¿Cuáles son los recursos de partida con los que contamos?
  • ¿De cuánto tiempo disponemos para alcanzar los objetivos financieros?
  • ¿Qué vehículos de ahorro e inversión vamos a utilizar? (Cuenta de ahorro, fondo de inversión, plan de pensiones…)

Del grado de concreción de las respuestas a estas preguntas dependerá la nueva estructuración de las finanzas personales y, al mismo tiempo, mayor será el control que se podrá establecer sobre ellas tras la aplicación de las premisas de ahorro.

  1. Elección de productos

La premisa principal del ahorro es evitar el gasto, pero, además de esta tendencia, en el día a día existen varios trucos para lograr sacar el máximo provecho a las finanzas personales, por ejemplo, automatizar el ahorro, destinar cantidades fijas de dinero a cada uno de los aspectos financieros diarios (bienes de primera necesidad, educación) o llevar un seguimiento estricto de los gastos.

Estos métodos deben combinarse con otros productos de ahorro a largo plazo que se ajusten a nuestro perfil de ahorrador, como los planes de pensiones o los fondos de inversión. Esta combinación permite mover nuestras finanzas personales de cara al presente, pero también con vistas a las etapas posteriores a la vida laboral.