Los sistemas de pensiones de los países nórdicos están a la vanguardia de los mejores sistemas de pensiones europeos y, en concreto, el finlandés es uno de los más afamados. ¿En qué consiste realmente? La clave del éxito reside, al igual que ocurre en otras naciones, en el denominado segundo pilar.

En Finlandia, el sistema de pensiones incluye la pensión nacional y la pensión laboral. En el caso de la nacional, se trata de un importe destinado a garantizar unos ingresos mínimos a los jubilados que no disponen de otra pensión o que reciben una cuantía muy baja. De hecho, en el caso de las personas que reciben una pensión de empleo, el importe de la pensión nacional se reduce proporcionalmente a medida que aumenta la cuantía de la pensión laboral e incluso no se percibe nada, en el caso de que esta última sea superior al límite máximo establecido.

Por su parte, a través de la pensión de empleo se intenta garantizar el nivel de vida que los trabajadores tenían cuando estaban en activo. Es obligatorio que las empresas afilien a los empleados al sistema de pensiones laboral. En el mismo, la empresa y el trabajador cotizan de forma conjunta. La empresa retiene la parte correspondiente al trabajador de su nómina y la abona al organismo de pensiones junto con la cuantía que corresponde pagar a la empresa. Estos planes de pensiones están gestionados por aseguradoras o gestoras privadas.

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En lo que respecta a la edad de jubilación y al cálculo de la pensión, el gobierno finlandés reformó el sistema hace casi dos años e introdujo un aumento gradual de la edad de jubilación de 63 a 65 años, para garantizar la sostenibilidad de sus finanzas públicas, ya que el país nórdico no es ajeno al envejecimiento de la población que afrontan la mayoría de países occidentales. De hecho, la población de Finlandia envejece a un ritmo que casi duplica la media de la Unión Europea, ya que el número de personas con más de 65 años aumentó 4,4 puntos porcentuales en la última década, según los datos de Eurostat. Además, el país también cuenta con una elevada deuda pública, que en 2018 ascendió a 137.545 millones de euros, lo que supone el 58,9% del PIB.

Asimismo, incluyó un nuevo modelo para calcular la cuantía de la pensión, que se basa en el importe de las cotizaciones durante toda la vida laboral del trabajador y no en lo cotizado a partir de los 53 años, como sucedía hasta ese momento. De esta forma, el importe depende de la cantidad aportada por el trabajador, que tiene que destinar el 1,5% de su salario por lo que  la pensión será más elevada cuantos más años esté en activo. Con el sistema de cálculo anterior, al solo tener en cuenta los últimos 10-12 años de la vida laboral, las pensiones eran más elevadas para los trabajadores que tenían sueldos altos, justo en los años previos a la jubilación.