Desde hace años, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) está contribuyendo a dar forma a la economía del siglo XXI a través de diferentes propuestas e iniciativas, como pueden ser los Objetivos de Desarrollo sostenible, la Agenda 2030 y el Acuerdo de París. Con el fin de reforzar los aspectos culturales, educativos y sociales, impulsar la sostenibilidad en todos sus frentes, apoyar a las economías en vías de desarrollo y fomentar la innovación, la organización nacional declaró 2021 como el Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible. Pero, ¿qué territorios, objetivos, productos y perspectivas abarca este segmento económico?

Un concepto en continua evolución

La economía creativa, también conocida como economía naranja debido a la asociación histórica de este color con la creatividad y la cultura, es un término que no responde a una única definición. Para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), esta economía engloba todas aquellas actividades económicas vinculadas al conocimiento sobre las que se asientan las industrias creativas y, asimismo, constituyen un punto de encuentro entre el patrimonio cultural y artístico, el conocimiento, las ideas creativas y la tecnología. De acuerdo con la organización, la producción de este tipo de economía se diferencia de las demás porque posee una aportación vinculada a la propiedad intelectual y autoral.

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En palabras de Isabelle Durant, Secretaria General Adjunta de la UNCTAD, las industrias de la economía creativa ocupan un papel clave dentro del sector servicios, permiten fomentar el espíritu corporativo y, paralelamente, aportan un componente basilar de diversificación económica y cultural.

Hacia una integración de la economía naranja en la inversión

La difusión de la creatividad y de sus actividades vinculadas está siendo un factor esencial para organizaciones internacionales como la Unión Europea y las propias Naciones Unidas a través de programas como Creative Europe y Creative Economy Network. El crecimiento de esta difusión, unido a las perspectivas de transformación social, digital y conectiva que se esperan para los próximos años, está haciendo que la economía y los fondos de inversión pongan el foco en este tipo de tendencias. Así, su capitalización se ha traducido en el auge de los fondos temáticos, es decir, de productos que destinan capital a temas con recorrido “largoplacista”; una alternativa que, según EFPA, ya recomienda más de la mitad de los asesores (51%).

En este abanico, la tecnología, la digitalización y la conectividad, dominantes en la economía creativa dentro del segmento de software e I+D, son fundamentales, en especial dentro del mundo posterior a la pandemia de la COVID-19. Por un lado, se trata de las grandes apuestas económicas contemporáneas y, por otro lado, se están viendo apoyados por grandes proyectos con un amplio recorrido temporal, como el Plan de recuperación para Europa -asentado sobre los pilares de la sostenibilidad y del ámbito digital-. Estas premisas han quedado materializadas en numerosos vehículos de inversión de las principales gestoras de activos del mundo, relacionados, por ejemplo, con la computación, la nube o el 5G.

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A este tipo de fondos se unen productos temáticos enraizados en propuestas como las infraestructuras, la educación -también en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible- y el arte.

Sin duda la economía creativa estará en el foco de muchas iniciativas este año para fomentar su crecimiento que, en 2015, ya suponía en torno al 3% del producto interior bruto a nivel mundial.