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Ahorro jubilación

Enjoylders, los triunfadores de la jubilación

Enjoylders, los triunfadores de la jubilación

Baby boomers, Generación X, Millenials… todas las personas vivas tenemos ya una etiqueta generacional según unas características, hábitos y aspiraciones profesionales y vitales concretas. Recibir esta etiqueta no depende de nosotros, sino del momento en el que nacimos. Frente a esto surge una nueva etiqueta. Una que mira al futuro, al bienestar y a la que todos podemos aspirar: los enjoylders.

El término enjoylder, que proviene de las palabras inglesas enjoy (disfrutar) y older (mayor), se refiere a todos aquellos que logren mantener durante la jubilación el mismo nivel de vida que tenían cuando trabajaban. Estos son los triunfadores que se asegurarán disfrutar de su futuro.

¿Es sólo para los jóvenes?

No, es para todas las generaciones. Da igual la edad que tengas, si no complementaste tu pensión pública con ahorro, tu capacidad caerá una vez jubilado. Si te jubilas el mes que viene, sin ningún complemento privado, tu capacidad financiera descenderá casi un 20%. Es por eso que mantener tu nivel de vida en la jubilación puede parecer una aspiración sencilla, pero no lo es. Si lo consigues, te habrás jubilado como un triunfador. Obviamente llegar a ser enjoylder será más complicado para los más jóvenes por dos motivos:

  • Una tasa de sustitución que caerá. La tasa de sustitución en España está en torno al 80%, la más alta de los países de la OCDE. Sin embargo, este porcentaje irá descendiendo poco a poco. Así, la tasa de sustitución estimada para 2030 es del 60%.
  • Una vida mucho más larga. Se estima que la esperanza de vida española en 2055 será de 92 años. Esto hace que los jóvenes españoles puedan dividir su vida profesional en tres etapas: 27 años de formación, 38 años de desempeño laboral y 27 años de jubilación (aunque la edad de jubilación se retrasará presumiblemente). Es decir, la etapa de jubilación de los Millennials y Centennials representará un tercio de su vida. Estas cifras chocan con la esperanza de vida de mediados de los años noventa, que no era superior a los 74 años, por lo que la media no vivía ni diez años jubilados.

Por tanto, el día en que los jóvenes españoles dejen de trabajar, su capacidad económica será de la mitad que el mes inmediatamente anterior. Sin complemento privado, tendrán que acostumbrarse a vivir al 50% durante una etapa de casi treinta años. En cambio, los enjoylders podrán disfrutar de una etapa muy larga con el mismo nivel de vida que tenían cuando trabajaban, pero con todo el tiempo en sus manos para disfrutarlo.

¿Esto es para los ricos?

No, cualquiera puede ser enjoylder. Cualquiera puede jubilarse como un triunfador. Es una etiqueta aspiracional, pero una aspiración accesible a cualquier persona. No importa el nivel de vida que tengas, sea muy alto o muy bajo, si no complementas tu pensión, no podrás mantenerlo. Cuanto más joven seas, más caerá ese nivel. Da igual cuál sea tu sueldo; que seas directivo o becario; que tengas un coche alemán o vayas en metro; que vivas en un chalé con piscina o compartas un piso… tú puedes ser un enjoylder. La buena noticia es que la posibilidad de serlo depende sólo de ti. La segunda buena noticia es que hasta ahora no existía la etiqueta y no todos pudieron conocer la información que hay detrás de ella. Tú sí.

¿Te animas a ser un enjoylder?

Declaración de la renta 2017: ¿Cómo tributan tus ahorros?

Declaración de la renta 2017: ¿Cómo tributan tus ahorros?

Desde el pasado 4 de abril y hasta el próximo 2 de julio, los españoles que cumplan los requisitos necesarios deberán hacer la declaración de la renta correspondiente al año 2017. Hacienda clasifica los ingresos de los individuos entre rentas del trabajo y rentas de ahorro. Cuando se trata de pagar tributos por los ahorros (renta del ahorro), pueden surgir dudas sobre las distintas cargas fiscales y deducciones, según los distintos activos o productos de ahorro.

Lo primero que hay que saber es que la renta del ahorro se compone de los rendimientos de capital, por un lado, y de las ganancias y pérdidas patrimoniales, por otro. Los rendimientos de capital normalmente hacen referencia a intereses en depósitos y cuentas bancarias, mientras que las ganancias y pérdidas patrimoniales suelen ser el resultado de rendimientos de fondos de inversión, ETF, acciones, letras del tesoro y variaciones en el patrimonio. En esta categoría entran casi todas las inversiones y ganancias no salariales, con algunas excepciones como los planes de pensiones y los seguros de vida-ahorro.

En este sentido, la compensación entre los dos elementos que conforman la base imponible del ahorro será determinante para la declaración de la renta. Por ejemplo, los intereses obtenidos por un depósito y las pérdidas patrimoniales resultado de la venta de una propiedad se compensarán en el momento de hacer la declaración. Pero ¿cuáles son las características fiscales de cada producto?

Depósitos bancarios

Uno de los productos más populares son los depósitos. Es el vehículo más utilizado por ahorradores conservadores. La fiscalidad para este tipo de productos únicamente afecta a los beneficios y no al total invertido. Esto quiere decir que si, por ejemplo, ponemos 10.000 euros en el banco con un interés del 1%, obtendremos 100 euros, que son los que tributarían.  En este sentido, la fiscalidad que se aplica está dividida en tres tramos: Hasta 6.000 euros, el 19%; entre 6.000 y 50.000 euros, el 21%; y más de 50.000 €, el 23%.

Fondos de inversión

Los fondos de inversión también son una alternativa para aquellos que quieren ahorrar, pero que además buscan obtener una rentabilidad mayor a la que ofrecen los depósitos. En lo referente a la fiscalidad, este producto cuenta con algunas particularidades: únicamente tributa cuando realiza el reembolso de las participaciones.

Si el producto genera ganancias, se integrarán en la base imponible del ahorro en los distintos tramos mencionados anteriormente. Además, otra particularidad es que el traspaso entre fondos está exento de tributación, por lo que, al mover el dinero de un fondo a otro, el inversor no tiene que pagar impuestos por las ganancias obtenidas hasta la fecha. Los gastos asociados a la adquisición y a la venta son deducibles.

Plan de pensiones

En el caso de los planes de pensiones, su finalidad es ofrecer a las personas la posibilidad de contar con recursos económicos adicionales a la pensión pública durante su jubilación. Las aportaciones que se hacen al plan de pensiones dan derecho a una reducción de la base imponible del IRPF; es decir, pagaremos menos impuestos. El límite de las aportaciones es de 8.000 euros al año. De esta aportación podremos deducirnos en la declaración de la renta la menor de estas cantidades:

– 8.000 euros anuales. Para cualquier contribuyente, independientemente de la edad.

– El 30% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas.

Además, es posible realizar aportaciones a favor del cónyuge con un límite de 2.500 euros. Los requisitos que debe cumplir el cónyuge es no haber obtenido rendimientos netos del trabajo ni de actividades económicas, o los que ha obtenido son inferiores a 8.000 euros anuales.

Por su parte, los rescates de los planes de pensiones (la retirada del dinero) no tributan en los rendimientos del ahorro, sino en los rendimientos del trabajo. Por ello, al rescatarlo, es importante tener en cuenta los distintos tramos del IRPF. En ese sentido, suele ser conveniente que el rescate no se haga de una sola vez, sino en forma de rentas periódicas temporales, ya que de esa forma podrá beneficiarse de tipos impositivos más bajos

Cuadro tramos IRPF - Que el ahorro te acompañe.

Independientemente del producto que elijas, lo importante es tomar conciencia de la importancia de ahorrar. La fiscalidad es un elemento que debemos tener en cuenta, pero lo esencial es planificar bien nuestra futura jubilación para vivir cómodamente durante los años de jubilación. En la web de la Agencia Tributaria encontrarás más información y también puedes consultar a nuestros expertos. Y recuerda, ¡que el ahorro te acompañe!

¿Cómo te afecta el nuevo factor de sostenibilidad de las pensiones?

¿Cómo te afecta el nuevo factor de sostenibilidad de las pensiones?

A la hora de calcular tu pensión cuando te jubilas, actualmente se utilizan tres parámetros  principales: la base de cotización de los últimos diecinueve años (en 2022 serán los últimos veinticinco), la edad de jubilación y los años de cotización a la Seguridad Social. Sin embargo, en los próximos años se incorporará uno nuevo: el factor de sostenibilidad.

¿Por qué se ha introducido este nuevo parámetro? Fundamentalmente se debe a dos razones que afectan a nuestro sistema de pensiones: el envejecimiento de la población y la esperanza de vida. Cada vez viviremos más y el porcentaje de mayores de 65 años aumentará. Esto, unido a la baja natalidad, provocará que baje la ratio de trabajadores por pensionistas. La sostenibilidad financiera de los sistemas de reparto necesita que la ratio entre cotizantes y pensionistas sea superior a dos. Las proyecciones demográficas permitirían mantener esta ratio hasta el año 2029. A partir de entonces, el aumento de las pensiones de viudedad y de jubilación principalmente harían reducir dicha ratio hasta 0,7, es decir, que por cada pensionista (incluye todas las contingencias) habría 0,7 cotizantes financiando la prestación.

Esto quiere decir que, manteniendo el modelo actual, habría que destinar muchos más recursos a las pensiones a la vez que habría menos trabajadores aportando dinero al sistema. Dada esta situación surge la necesidad de buscar nuevas fórmulas para garantizar un modelo de pensiones que pueda ser viable y sostenible. Es ahí donde surge el concepto del factor de sostenibilidad, que previsiblemente entrará en vigor en 2023.

Por ello, se han añadido dos nuevas variables para calcular la pensión de un jubilado: el factor de equidad intergeneracional (factor de sostenibilidad) y la revalorización anual.

¿Qué es el factor de sostenibilidad?

Es una medida aprobada por el Gobierno en 2011 y desarrollada en 2013 que entrará en vigor en 2019. Significa que se tendrá en cuenta la esperanza de vida de los nuevos jubilados al cobrar la pensión. En nuestro país la esperanza de vida ha aumentado y se espera que lo siga haciendo -al igual que en los países de nuestro entorno- en los próximos años. El porcentaje de población mayor de 65 años, que actualmente se sitúa en el 18,7%, pasará a ser el 25,6% en 2031 y del 34,6% en 2066.Por ello, el objetivo es adaptar la cuantía de la pensión pública al número de años que viviremos. Es decir, distribuir el total de nuestra pensión entre el número de años que vivamos a partir del momento de nuestra jubilación: si se vive más años el importe mensual de la pensión será algo inferior, para así cobrar el mismo importe total durante la jubilación que cohortes de población que viven menos tiempo jubiladas. Además, para que este indicador se ajuste lo más posible a la realidad, se revisará cada cinco años según vaya evolucionando la esperanza de vida.

La revalorización, vinculada a la salud de las arcas públicas

Adicionalmente, se ha aprobado la revalorización anual de las pensiones ya causadas, que modifica la fórmula mediante la que se calcula el aumento de las pensiones. Esta revalorización se desvincula del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y tiene en cuenta la salud del sistema de pensiones. Esto se traduce en que las pensiones solo aumentarán un 0,25% mientras el sistema de Seguridad Social se encuentre en situación de déficit; y, además, solo subirán más si aumentan los ingresos del sistema por encima de la tasa de crecimiento del número de pensiones. Esto quiere decir que los pensionistas podrían perder poder adquisitivo si la inflación supera el 0,25% en un año y el sistema está en déficit.

En resumen, las nuevas variables que se tendrán en cuenta en el factor de sostenibilidad adaptarán la cuantía de las pensiones a los años que vivan los nuevos jubilados y a la condición en que se encuentre el sistema de pensiones. Estas medidas ayudarán a mantener la viabilidad del sistema, pero los pensionistas perderían poder adquisitivo. Por tanto, en estos momentos cobra especial importancia el ahorro y la planificación financiera para poder contar con un complemento a nuestra pensión pública.

El ahorro, necesario para mitigar la “brecha salarial”

El ahorro, necesario para mitigar la “brecha salarial”

Javier Santacruz – Investigador de la Fundación de Estudios financieros (FEF).

Cada 8 de marzo, el Día de la Mujer Trabajadora va acompañado de un problema real como es el de la “brecha salarial”. Entendemos esta como la diferencia de salario entre hombres y mujeres a igual puesto de trabajo y a iguales competencias profesionales. En términos medios, el salario bruto de una mujer es un 22,8% menos que el de un hombre. Pero si contemplamos lo que ocurre después de llegar a la edad de jubilación, la “brecha” se agranda hasta el 30,45%[1] para los empleados del Régimen General y del 26,44% para los autónomos[2].

Por qué existe la brecha salarial

Se trata de una diferencia salarial que viene de muchos años atrás cuando la participación de la mujer en el mercado laboral apenas superaba el 20%. En este sentido, el primer factor condicionante es el porcentaje de mujeres que está dentro del mercado laboral en proporción a la población que se encuentra en edad de trabajar (activos entre los 16 y los 64 años) y, al mismo tiempo, cuánto porcentaje está en este momento ocupado.

Desde la creación de la Eurozona en 1997 hasta el tercer trimestre de 2017, el porcentaje de mujeres activas ha subido 21 puntos hasta el 68,8% de la población en edad de trabajar. Así, se sitúa un punto porcentual por encima de la media de la Eurozona y reduce en 20 años la diferencia con los hombres en 18,5 puntos (la tasa para hombres es del 78,9%). En el caso de las mujeres que están ocupadas, la ganancia de la tasa de actividad en este período ha sido de 21,8 puntos hasta el 55,9% y ha reducido la “brecha” en 19 puntos frente a hombres. Por tanto, las diferencias entre hombres y mujeres han ido reduciéndose de una forma notable.

En segundo lugar, otro factor que explica la “brecha salarial” es el momento en que la mujer se incorpora al mercado de trabajo y la composición por edad de la fuerza laboral. Observamos que en las generaciones más jóvenes, la diferencia de salarios es menor que en las generaciones más maduras: 14% entre profesionales de entre 25 y 44 años (al nivel de países como Finlandia o Dinamarca) frente al 27% para trabajadores de más de 55 años.

Y, por último, es relevante un tercer factor que es el número total efectivo de horas trabajadas por mujeres y hombres, ya que esto nos habla sobre el tipo de jornada y contrato que tiene cada uno, además de los “saltos” que se producen en algunas etapas de la vida laboral (por ejemplo, períodos de maternidad). Desde el comienzo de la crisis en 2008, la diferencia de horas anuales que trabajan de menos las mujeres con respecto a los hombres se ha reducido a la mitad (396.137 horas actuales frente a 637.120 horas en 2008).

Cómo amortiguar la “brecha salarial”: el papel del ahorro

A pesar de la reducción de la “brecha salarial”, ésta tiene importantes efectos en las economías domésticas. Por ello, para evitar problemas tanto presentes (que repercuten en la planificación familiar, la productividad o el nivel de formación) como futuros (estar condenados a que las mujeres tengan sistemáticamente una pensión menor que la de los hombres), hay un factor que ayuda a nivelar esta diferencia salarial como es el ahorro.

En materia de planificación de la jubilación, la “brecha de la pensión” genera un déficit de ahorro actual para las mujeres de 8.284,40 euros para afrontar la vejez (una diferencia de pensión de 414,22 euros anuales a valor actual, descontados al 5%). Esta desventaja obliga a la mujer a ahorrar antes, en mayor proporción de su renta disponible, y más rápido que un hombre con la misma categoría profesional.

De esta forma, las trabajadoras pueden salvar la “brecha de género” existente en el mercado laboral con una mejor previsión de largo plazo, modificando sus pautas de consumo para adaptarse a los períodos en los que no está trabajando y, por tanto, donde sufre una pérdida de renta disponible. Veremos cómo sí hay resquicios para incrementar el ahorro, sólo se trata de planificar mejor los gastos y ser más eficientes.

Qué estrategias posibles de ahorro hay para la “brecha salarial”

Si bien es clara la necesidad de ahorrar, al mismo tiempo surge la pregunta ¿pero y de dónde se puede obtener el ahorro necesario para amortiguar las consecuencias negativas de la “brecha salarial”? La situación actual de los salarios agrava el problema del ahorro, pero no lo hace imposible. Aquí entran en juego diferentes factores. El primero es la diferencia de cotizaciones sociales entre mujer y hombre, derivadas de la diferencia de salarios.

Concretamente, en términos de salario medio y poniendo el foco en la tenencia de hijos, la mujer cotiza a la Seguridad Social anualmente 2.138,82 euros menos que un hombre, siendo menor esta cantidad en el tramo de edad donde se tiene hijos entre los 30 y los 44 años: 1.368 euros anuales. Sin embargo, en los primeros tres años de vida de un hijo, la madre recibe hasta 3.600 euros como deducción por maternidad (1.200 euros anuales). Si en vez de gastar este dinero, la mitad de él (1.800 euros) fuera destinado a un ahorro invertido de forma conservadora, se encontraría con 7.779,5 euros en el momento de su jubilación, prácticamente el dinero que necesita para no quedarse en desventaja con respecto al hombre a los 65 años (8.284,40 euros calculados anteriormente)[3].

El segundo factor es el riesgo asumido. Evidentemente, el proceso de acumulación de ahorro para la mujer puede ser mayor si se asume un mayor nivel de riesgo. Sin embargo, la clave no está tanto en qué nivel se asuma sino si está correctamente gestionado. En países como Estados Unidos, las empresas tienen a disposición de sus empleados a expertos en finanzas que ayudan a planificar la cartera de una persona en función de diferentes parámetros.

El tercer factor se basa en la necesidad de un marco que favorezca la conciliación familiar, no sólo para con los hijos sino también para con los padres en riesgo de dependencia. Es un campo donde los costes se pueden reducir de tal forma que lo que antes se gastaba una mujer en contratar cuidados externos o el sueldo al que renunciaba por reducción de jornada, ahora lo puede emplear en ahorrar. Tengamos en cuenta que el 2,3% del presupuesto familiar se destina a cuidados externos, con lo cual el campo es amplio para rebajar esta factura[4].

El cuarto y último factor es la existencia de incentivos fiscales más allá de la propia deducción por maternidad. La mayor dificultad para ahorrar radica en que el 36% del sueldo bruto se lo lleva la Seguridad Social, siendo una carga más gravosa cuanto más bajo es el salario. Por tanto, hay que aprovechar todos los ahorros en impuestos -sobre todo del IRPF– en materias como “saltos de tramo” o mínimos personales y familiares, entre otros.

[1] Datos INE (Encuesta de Estructura Salarial, última edición 2015), Eurostat y Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (datos actualizados al 31/01/2018) para pensiones de jubilación.
[2] Es evidente que hay que tomar con cautela los datos de sueldo medio, ya que estos no comparan a profesionales con el mismo puesto de trabajo, sino que se refieren al conjunto de los ocupados, sin hacer distinciones ni desagregar la muestra para ajustarla según trabajo desempeñado.
[3] Hipótesis conservadora de rentabilidad a largo plazo del 5%.
[4] Encuesta de Presupuestos Familiares, INE.