La pandemia de la COVID-19 ha tenido un gran impacto no solo en el sistema sanitario, sino también en la economía a nivel global. Las medidas de confinamiento tomadas por los diferentes gobiernos, unidas a las semanas de paralización de la actividad económica no esencial que se han producido en países como España o Italia, han tenido graves efectos sobre la economía a nivel nacional y mundial, lo que se ha reflejado en la caída de los datos de crecimiento de los países.

En este sentido, y para comprender mejor las distintas formas de recuperación económica, es fundamental conocer las diferencias entre recesión y depresión. La recesión económica, por un lado, se define como el decrecimiento o caída de la actividad económica durante un periodo de tiempo, normalmente, dos trimestres consecutivos, con tasa de variación del producto interior bruto negativa. La depresión, por otro lado, refiere a una caída más drástica y abrupta del crecimiento que también se prolonga durante un periodo de tiempo más largo (superior a tres años). En estos casos, los índices de crecimiento se mantienen bajos y sin variaciones y se relaciona con una caída del PIB superior al 10%.

En la actualidad, las economías podrían presentar diversos tipos de recuperación económica según cada situación. Vamos a repasar las distintas variantes y sus principales características:

  • Recuperación en forma de V

La recuperación en forma de V se produce cuando previamente ha tenido lugar una caída drástica del crecimiento en un corto periodo de tiempo. Una vez se alcanza el punto más bajo, la recuperación ocurre de la misma forma: un retorno rápido a la situación previa a la crisis en un breve periodo, resultando en una rápida reactivación de la economía.

  • Recuperación en forma de W
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En los casos en los que se presenta una recuperación en forma de V puede tener lugar una variante, la recuperación en forma de W. En estas situaciones se presentan dos recesiones y recuperaciones consecutivas: tras una primera caída drástica y recuperación de la situación previa a la crisis, la economía vuelve a sufrir una recesión –acercándose incluso a los niveles de la primera crisis-, para luego remontar y volver a la normalidad.

  • Recuperación en forma de U

Cuando hablamos de recuperación en forma de U nos referimos a un periodo que destaca por su rápida caída y recuperación progresiva, así como por el estancamiento económico que se produce entre ambos procesos. En estos casos, la caída de la economía se produce de forma abrupta y esta viene seguida de un breve periodo de paralización de la economía y, tras ella, una recuperación paulatina.

  • Recuperación en forma de L

Por último, existen crisis económicas en las cuales se pueden presentar recuperaciones en forma de L. En estas situaciones se produce una caída pronunciada del crecimiento y, o bien no se registra una recuperación de la actividad económica o esta es muy lenta y no termina de alcanzar los niveles previos a la crisis. De hecho, en estos casos la reactivación de la economía puede durar años.

La crisis económica consecuencia del impacto de la COVID-19 ha representado una incógnita para los analistas. En este sentido, diversos expertos sugieren una nueva forma de recuperación económica en forma de “tic” (✔), que refleja una caída pronunciada de la economía y posteriormente una recuperación lenta y prolongada en el tiempo que depende del levantamiento de las medidas de confinamiento de los países.

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A pesar de la crisis económica derivada de la pandemia de COVID-19, el ahorrador no debe perder la esperanza ni dejarse llevar por el pánico de los mercados financieros. Los expertos recomiendan seguir invirtiendo, no tomar decisiones precipitadas producto de las emociones, no cambiar de perfil de riesgo sin justificación, seguir las recomendaciones de su asesor financiero, por lo que es aconsejable contar con carteras diversificadas, un sistema de aportaciones periódicas y un horizonte de inversión a largo plazo. Al fin y al cabo, la economía es un ciclo y como tal, existirán momentos de declive y de recuperación que a la larga tendrán un efecto positivo para el inversor.